
Sus potajes picantes, sugestivos y contundentes nacen del inusual mestizaje gastronómico que entrelaza raíces prehispánicas, españolas y francesas.
El fríjol, el maíz y el chile (ají) son la santísima trinidad de la culinaria azteca que arrancan más de una oración a los fieles devotos que se congregan en restaurantes y fondas para rendir culto a deliciosas tortillas y tacos, enchiladas y quesadillas, entre otros platillos.
Una de las recetas emblemáticas es la tortilla de maíz que se sirve acompañada de una salsa casera o cruda, preparada con tomate verde, jitomate y chipotle (una variedad de chile).
Igual de sugestivos son los chiles rellenos, ajíes repletos de queso, pescado o mariscos, además de llevar granos de elote (maíz tierno) y calabacitas, entre otros ingredientes.